Nacionales
Seguidilla de tragedias

¿Hasta cuándo? Diez muertes por tuberculosis exponen el desastre penitenciario en el país

El Ministerio del Interior confirmó los fallecimientos y detalló que se produjeron entre el viernes y el martes, mientras se realizaban las autopsias para confirmar las causas. (Foto: ChatGPT - IA)

La muerte de diez presos por tuberculosis en la Penitenciaría del Litoral volvió a sacudir al sistema penitenciario ecuatoriano, una estructura tan saturada como violenta. El Ministerio del Interior confirmó los fallecimientos y detalló que se produjeron entre el viernes 14 y el martes 18, mientras se realizaban las autopsias para confirmar las causas.

El comunicado oficial señaló que todos murieron por la enfermedad, una afección crónica que en contextos de hacinamiento corre como pólvora. No es un dato menor: hasta el 31 de julio, el Servicio Nacional de Atención a Privados de la Libertad había registrado 401 casos de tuberculosis dentro del complejo carcelario al que pertenece la Penitenciaría, ubicada en Guayaquil.

La sobrepoblación es extrema. En un espacio diseñado para 4.519 personas conviven 7.187 reclusos. Ese desborde no solo favorece contagios; también dificulta cualquier control sanitario básico, convirtiendo a la prisión en una incubadora de enfermedades y conflictos.

El contexto de violencia tampoco da respiro. Los diez fallecidos por tuberculosis se suman a una seguidilla de tragedias: menos de dos semanas atrás, 31 presos murieron en un enfrentamiento en una cárcel de Machala, en el sur del país.

Aunque el organismo penitenciario no ha explicado las causas de tantos brotes violentos, las autoridades de seguridad apuntan a choques entre bandas rivales, alimentadas por alianzas con cárteles transnacionales. La Penitenciaría del Litoral es, desde hace años, el epicentro de ese enfrentamiento subterráneo.

Historial penitenciario nacional

Según datos oficiales, el país vive desde 2021 una espiral criminal que desbordó las calles y se metió de lleno en las prisiones. El Estado, desbordado, intenta administrar tensión pura: reclusos armados, facciones enfrentadas y un hacinamiento que convierte cualquier chispa en incendio.

A comienzos de año, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya había puesto el foco en las cárceles ecuatorianas. Habló de “persistencia de graves hechos de violencia” y pidió al país garantizar el derecho a la vida de las personas privadas de libertad, un reclamo que suena cada vez más urgente.

Entre 2020 y 2024, al menos 591 presos murieron por violencia intracarcelaria, según la CIDH. Las muertes por tuberculosis ahora se suman a ese registro sombrío, recordando que en Ecuador las cárceles no solo matan por armas, sino también por abandono.

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