La historia viviente
Investigación

Descubrieron en Irak grabados asirios del siglo VIII A.C

El hallazgo de estos hermosos grabados asirios, que normalmente solo se encuentran en palacios reales, arroja luz sobre las impresionantes obras públicas respaldadas por un líder célebre por sus proezas militares.

El hallazgo de estos hermosos grabados asirios, que normalmente solo se encuentran en palacios reales, arroja luz sobre las impresionantes obras públicas respaldadas por un líder célebre por sus proezas militares.

En el siglo VIII A.C., el rey asirio Sargón II gobernaba un imperio rico y poderoso, que abarcaba gran parte del actual Oriente Medio, e infundía miedo a sus vecinos.
Un equipo de arqueólogos italianos y kurdo-iraquíes que trabajaba en el norte de Irak ha descubierto diez relieves asirios en roca, que adornaban un sofisticado sistema de canales excavado en el lecho rocoso.

“Los relieves en piedra asirios son monumentos extraordinarios. Y es muy probable que aún haya más relieves y quizá inscripciones cuneiformes monumentales de celebración enterradas bajo los escombros del suelo que llenaban el canal”, declaró Daniele Morandi Bonacossi, arqueólogo de la Universidad de Udine, en Italia, que co-dirigió la expediciones. Salvo una excepción, no se han descubierto paneles como estos en su emplazamiento original desde 1845.

Los paneles representan a un rey —que, según creen los arqueólogos, es Sargón II— observando una procesión de dioses asirios, entre ellos la divinidad principal, Assur, a lomos de un dragón y un león con cuernos, con su consorte Mullissu sobre un trono sostenido por un león.

Entre otras figuras están Ishtar, diosa del amor y de la guerra, el dios sol Shamash y Nabu, el dios de la sabiduría. Los arqueólogos sospechan que dichas imágenes indicaban a los transeúntes que la fertilidad procede tanto del poder divino como del poder terrenal.

El canal bordea una cordillera cercana y en él desembocaban arroyos de caliza. Las ramificaciones de este curso de agua proporcionaban irrigación para el centeno, el trigo y otros cultivos. Los campos podrían haber ayudado a alimentar a los 100.000 residentes de Nínive, que entonces era una de las ciudades más grandes del mundo.

Las ruinas de esta vasta metrópolis se encuentran a unos 96 kilómetros al sur, al otro lado del río Tigris respecto a la ciudad moderna de Mosul.

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