Nacionales
Escándalo diplomático

Agentes de Estados Unidos intentaron entrar al consulado y el Gobierno elige mirar para otro lado

Mientras crecen los casos de ecuatorianos afectados por estas políticas, el Gobierno nacional quedó expuesto por su reacción tardía y limitada a un trámite diplomático.

Un grave episodio diplomático dejó al descubierto la pasividad del gobierno de Daniel Noboa frente a los abusos cometidos por las autoridades de Estados Unidos contra ciudadanos y representaciones ecuatorianas.

Este martes por la mañana, un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas intentó ingresar sin autorización al consulado de Ecuador en Mineápolis y fue detenido por el propio personal diplomático.

Según informó el Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana, los empleados del consulado bloquearon el acceso del agente y, recién después del hecho, la Cancillería presentó una protesta diplomática formal ante el gobierno estadounidense.

El reclamo llegó una vez consumado el intento de violación de la sede consular, protegida por las convenciones internacionales que impiden el ingreso de fuerzas de seguridad extranjeras sin permiso expreso.

El momento quedó registrado en un video en el que se observa a un trabajador del consulado corriendo hacia la puerta para impedir el paso del agente, mientras le advierte que se trata de territorio diplomático.

En las imágenes también se escucha al efectivo responder con una amenaza si era tocado. El edificio, ubicado en el noreste de Mineápolis, está claramente identificado con el escudo nacional de Ecuador en su fachada.

El episodio se produce en medio de una ofensiva migratoria cada vez más agresiva en Minnesota, con operativos que ya habían generado repudio social. La tensión aumentó aún más la semana pasada, cuando agentes federales detuvieron a un niño ecuatoriano de 5 años frente a su escuela, un hecho que provocó indignación en todo el país.

Mientras crecen los casos de ecuatorianos afectados por estas políticas, el gobierno de Noboa quedó expuesto por su reacción tardía y limitada a un trámite diplomático, sin anuncios de medidas firmes ni exigencias públicas ante un hecho que vulneró la soberanía del país.

La falta de una respuesta contundente refuerza las críticas hacia una gestión que, frente a situaciones de extrema gravedad, opta por el silencio y la subordinación, incluso cuando están en juego los derechos de sus propios ciudadanos y el respeto a la representación diplomática ecuatoriana.

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