Nacionales
Equilibrio en duda

Hay que quedar bien con los jefes: Noboa juega a dos bandas con China y Trump mientras el país acumula frentes abiertos

El presidente intenta sostener vínculos opuestos sin costo político, pero las tensiones comerciales y diplomáticas empiezan a pasar factura.

Daniel Noboa anunció una nueva visita a China en medio de su alineamiento con Donald Trump, una jugada que pretende mostrarse como pragmatismo, pero que en los hechos empieza a parecer improvisación con traje diplomático. Porque sostener simultáneamente dos agendas que compiten entre sí no es equilibrio: es caminar por una cornisa con los ojos cerrados.

El mandatario ecuatoriano insiste en que no puede “cerrarse” a un solo socio, mientras refuerza su vínculo con Estados Unidos en materia de seguridad. Sin embargo, esa doble narrativa choca con la realidad geopolítica. Washington presiona para reducir la influencia china en la región, mientras Quito se prepara para profundizar la relación comercial con Beijing. El resultado es una política exterior que intenta quedar bien con todos, pero que corre el riesgo de no convencer a nadie.

La visita prevista a China en agosto no es un gesto menor. Llega en un contexto donde Ecuador depende de ese país en términos de deuda, inversión y comercio. Las cifras lo reflejan con claridad: las importaciones desde China crecieron casi un 30 por ciento en 2025, mientras que las exportaciones avanzaron a menor ritmo. Traducido: más dependencia, menos margen de maniobra. Pero el discurso oficial evita ese dato incómodo y prefiere hablar de “relaciones estratégicas”.

Mientras tanto, Noboa suma conflictos en su propio vecindario. La tensión con Colombia escaló a niveles preocupantes tras la imposición de aranceles de hasta el 100 por ciento bajo el argumento de una “tasa de seguridad”. Una medida que, más allá del relato de mano dura, golpea directamente a los sectores productivos de ambos países. Y como suele pasar cuando la política se vuelve reactiva, los costos los pagan otros.

El frente diplomático tampoco ayuda. Las fricciones con México y Cuba se suman a un tablero regional cada vez más fragmentado, donde Ecuador aparece más como un actor errático que como un jugador con estrategia clara. En ese contexto, la apuesta de Noboa por “alinearse sin alinearse” empieza a mostrar fisuras.

Porque el problema no es comerciar con China ni coordinar con Estados Unidos. El problema es hacerlo sin una hoja de ruta consistente. Noboa intenta vender equilibrio, pero lo que se percibe es una acumulación de decisiones que responden más a la coyuntura que a un plan. Y en política internacional, esa falta de rumbo suele pagarse caro.

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